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La escultora argentina que barría en un taller y hoy es una de las 100 mejores del mundo en su rubro


Después de iniciarse en una escuela de arte en vidrio en Berazategui, Karina Del Savio logró coronarse con el mayor reconocimiento en su categoría y vender obras en el exterior y a personalidades locales como Daniel Scioli y Osvaldo Bayer.

Karina Del Savio “se come las uñas” de la ansiedad. A fines de enero, como todos los años, saldrá una nueva edición de la New Glass Review, la publicación del Corning Museum of Glass de Nueva York –hogar de más de 45 mil piezas de cristal con hasta 14 mil años de antigüedad– que enumera a los 100 mejores artistas de vidrio del mundo. La argentina, oriunda del sur del conurbano bonaerense, formó parte de ese selecto listado en sus dos últimas versiones –2015 y 2016– y hoy reconoce que “le tomó el gustito”.

En una entrevista periodística, la argentina reveló cómo fue el proceso que la llevó a interesarse por esta rama de las artes plásticas y habló sobre sus inicios limpiando la sala de hornos de la escuela que la becó.

De 46 años, nacida en Quilmes en 1970, Del Savio viene de una familia italiana que llegó al país en 1951. Y aunque a los 6 años ya estaba tomando clases de dibujo, la artista pasó por distintas escuelas hasta especializarse en lo que hoy es su rubro por excelencia. “Estudié Teatro y también Filosofía y Letras en la Universidad de La Plata, pero terminé volviendo mi barrio, Berazategui, porque nada me convencía”, recuerda.

Fue recién a sus 22 años, en 1992, que el cierre de la planta de Rigovisor –fábrica de vidrio– sembró la oportunidad de su vida para Del Savio. “Me contó mi mamá que en el lugar iban a abrir una escuela municipal de arte, en honor al departamento artístico que había desarrollado la empresa, en el que algunos artistas locales, figuras de la belle epoque en el país, iban a hacer esculturas dentro de una casita sueca del predio los fines de semana”, explica la premiada.

En contra de los deseos de su padre, dueño de una concesionaria Renault de la zona y quien deseaba que su hija se dedicara a algo “más rentable”, Del Savio estudió durante tres años distintas técnicas para hacer esculturas de vidrio. “Al tiempo me di cuenta de que tenía algo así como un talento innato para eso, y me contrataron para que trabajara en la escuela como asistente en la sala de hornos, donde hacía de todo, desde barrer hasta limpiar las placas de los hornos”, recuerda la vecina de la “capital nacional del vidrio”, sede de empresas del rubro como Pirex.

Después de sus primeros años como asistente llegaron los premios y desafíos. El municipio la becó para estudiar en España y tomar cursos con especialistas de Italia e Inglaterra, países a los que luego vendió algunas de sus obras, de las que también se hicieron propietarios personalidades de la escena local como el ex vicepresidente Daniel Scioli y el escritor Osvaldo Bayer. Previo a ello, sus creaciones pasaron durante seis años consecutivos –2005 a 2010– por distintas ediciones de SOFA, la exposición de objetos de diseño con sede en Nueva York, Chicago y Santa Fe.

Fuera del circuito artístico, Del Savio hizo diseños de revestimientos para Barugel Azulay y hoy, además de hacer líneas de decoración funcional y platos de sushi, se encarga de vestir paliers de edificios con sus obras. “En el país no hay mercado para las esculturas de vidrio, pero afuera sí; ahí los precios pueden partir de los U$S 2 mil y llegar a los U$S 300 mil, aunque las mías no superan los U$S 5 mil”, detalla.

Para hacer sus piezas, la artista hace un modelo en cera que al secarse queda rígido y es recubierto con otro material. “Luego, tras aplicar vapor, la cera desaparece, dejando un hueco que funciona como negativo de la forma para ser rellenado con vidrio”, sintetiza. A su vez, agrega: “Las esculturas grandes pueden llevar hasta 72 días de horno y mucho tiempo de un enfriamiento muy lento”.

Sobre las posibilidades de hacer este tipo de arte en el país, comenta: “El vidrio que utilizamos viene de Estados Unidos, es car y difícil de conseguir. Aunque ahora hay un centro en Uruguay que lo importa y lo acerca más fácilmente, sigue siendo costoso. Por eso, lo meritorio de los artistas argentinos que nos dedicamos a esto es que aún con dificultades, llegamos a lo más alto”.

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