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INTERESANTE REPORTAJE DEVELA EL “LADO B” DEL INTENDENTE ETCHEVERRY: «EN 2015 PENSÉ EN IRME A VIVIR A URUGUAY CON MI FAMILIA»

(Este texto que reproducimos a continuación y que no tuvo mucha difusión a nivel local, es una síntesis de la nota publicada por la revista La Tecla, en diciembre de 2021, que fue editada parcialmente por Lobos 24, dado que la versión original es mucho más extensa)

La esencia del jefe comunal de Lobos está en el campo. Criado entre animales y comida casera que junto a su familia hacían de la zona rural su lugar en el mundo, Jorge Etcheverry no perdió la oportunidad de disfrutar de las noches con sus amigos y despertar para hacer el asado al día siguiente.

El intendente Jorge Etcheverry, sigue conservado su pasión por el lugar que lo vio crecer y que forjó su camino y convicciones. Entre la producción de mermeladas, la cría de pollos y un sinfín de alimentos, supo encontrar su destino en la Ingeniería agrónoma y solventar sus estudios entre changa y changa. Según los datos que aparecen publicados en la página web del Municipio, su sueldo de bolsillo en junio de 2022 (el último recibo que está disponible), asciende a 304.443 pesos aproximadamente. Y el mismo mes, en concepto de aguinaldo, percibió 259.391,76 pesos. 

– ¿Cómo está conformada tu familia? (pregunta el periodista, cuyo nombre no sabemos porque la nota no está firmada)

Somos 6. Mi padre no vive, murió hace casi 8 años. Mi madre sí, con 89 años, está muy viejita y casi inválida, porque tiene Parkinson de extrema rigidez, pero está muy lúcida. Somos 6. Mi padre no vive, murió hace casi 8 años.De mis hijos, el más grande está recibido, tiene 28 años; el que le sigue tiene 24 años, está en la facultad estudiando antropología; y después las dos nenes La mayor tiene 12, casi 13 años y está en el primer año del secundario y la de 11 años, en primario. Todos trabajando, buscando superarse día a día.

El mayor se quiere ir del país, ya se fue hace un año y ahora en marzo vuelve a irse. Se fue a California, a trabajar de lo que sea. Él es ingeniero en diseño industrial, tenía unos amigos allá así que se fue y trabajó, ahorró plata y volvió. Ahora me dijo «papá, en este país no hay salida, evidentemente vos crees, pero se me va la vida, ¿Qué hago?», y le dije que fuera. Para un padre es una encrucijada, que cree que puede cambiar y pone su granito de arena para que cambie, pero también está su vida, su futuro.

Ya cumplí 59 años (nació el 15 de noviembre de 1962) y siempre tengo la esperanza de ver un país diferente, trabajando. Yo no vengo de la política, pero hace 6 años que me metí porque creo que esto se cambia desde adentro. Es difícil, creo que hoy estamos dando un paso, caminando algo que en lo contemporáneo no nos damos cuenta, pero en Argentina están pasando cosas, me parece que va a entrar en una bifurcación donde la elección va a ser ir para el lado del sentido común, el criterio, los valores, me parece que pasa por ahí más que por la ideología. El mundo es práctico, en general, y se tiene que terminar de hablar de que la economía es de izquierda o de derecha, la economía es como la matemática: 2 más 2 es 4, lo que se puede ideologizar es el resultado de la economía, pero nunca a la economía en esencia. Estoy con ese dolor de que se vaya un hijo, pero también dándole la libertad, que en verdad ya es de él. Con mi mujer queremos que se quede por nosotros, no por él, y él tiene que hacer su camino.

– Sos Ingeniero Agrónomo

Sí, me crié toda la vida en el campo, en una chacra muy chica donde trabajábamos todos, donde los pilares fueron el trabajo, la educación desde la familia y el gran esfuerzo de la educación en la escuela, en el secundario y la facultad.

– ¿En dónde estudiaste?

Hice el primario en Ernestina, en un pueblito muy chiquito, el secundario en una escuela salesiana y la facultad en el centro de la provincia de Buenos Aires.

– ¿Creés que tu vida determinó tu destino para después estudiar ingeniería agrónoma? ¿Alguna vez pensaste en estudiar otra cosa?

Tuve la suerte y los designios de tener la vocación muy definida desde muy chico. Lo que hice, lo hice por vocación, y como dije siempre, encima me pagaban por hacer lo que me gustaba. Siempre tuve vocación de campo, y estudié agronomía por la ganadería. Todo el mundo relaciona que estudié agronomía por los cultivos, pero fue para hacer de que comer, para que la vaca comiera, fundamentalmente. Después, sí trabajé en los grandes cultivos, en pastura, tambos, y demás.

Siempre viví en el campo, amo mi profesión y tengo la oportunidad de trabajar como asesor privado, lo he hecho acá en Argentina y en Uruguay.

– ¿Viviste en Uruguay?

No, sólo trabajé, durante 26, 27 años. Viajaba una vez por mes o cuando lo requería el trabajo. Ahí me dediqué no sólo a asesoramiento sino también a la administración. Tengo los mejores recuerdos, el uruguayo es un tipo muy franco, muy humilde, muy tranquilo. Para mí siempre fue un placer trabajar allá.

– ¿Nunca pensaste en irte de Lobos?

Sí. En los primeros meses del 2015 estaba hablando con mi mujer de que si este país seguía así, quizá nos íbamos a vivir a Uruguay, y criábamos a nuestras dos hijas más chicas en Uruguay, y hacía al revés: vivía allá y venía a trabajar a Argentina. Sin embargo, fue en ese entonces que los designios me llamaron a ver si quería ser intendente, dudé, y después pensé que era una oportunidad donde jugar todas las fichas y a pesar de que todos mis amigos me dijeron «No te metas, es un barro muy difícil, complicado. Vos sos muy frontal, este no es tu juego», dije: Dios me dio una oportunidad acá para tratar de hacer las cosas en forma diferente a lo que uno veía. Y jugué, lo hice por primera vez, fui a unas PASO prácticamente contra todos, y ganamos esas PASO. Desde ese entonces, estoy aquí trabajando.

– ¿Cómo te ha jugado el «ser muy frontal» en la política?

Al principio fue muy difícil, porque los primeros 6, 7 meses entraban a este despacho a decirme que no entendía nada de política y que «volcaba», que así no era. Cuando llegaba a mi casa, pensaba «¿Cómo que no?». Era algo lógico, si yo hacía una cuenta de dos más dos y era cuatro. Decía «es por acá», pero no entendían. En el 2017 hubo un gran respaldo pero también quedaban dudas, que podía ser un arrastre por todo el contexto. Pero en el 2019, cuando teníamos la ciudad en contra, el país en contra y gané con casi el 52%, me di cuenta que la gente entiende mucho más de lo que uno cree y a veces hay que ir a los valores, que sirven y funcionan con mucho más peso del que uno piensa para la sociedad. En estos lugares, la palabra que más se dice es «no», más que «sí».

De todos los que me rodean en el Ejecutivo, entre los secretarios y directores de la planta política, sólo conocía a una persona, en verdad a su padre, que tiene la edad mía, a los demás los conocí por primera vez cuando asumí en la función. Los fui buscando por su base en valores, idoneidad en los temas, sentido común o criterio para determinadas cosas. Así armé el equipo, y ahí también se enojó mucho la política. Yo se los dije a todos mis secretarios y gente de mi plantel: «Esto para mí es un hijo. Cuando tenés un hijo enfermo, no vas a ver a un chatarrero, un mecánico, un mozo para que lo atienda, vas a ver a un médico. Y ni siquiera te importa si es tu amigo o no, vas a buscar al mejor, dentro de lo que puedas ver o conseguir». Desde ese concepto hice mi gestión.

– En tu vida personal, ¿También solés ser frontal?, ¿Cómo te considerás?

Es muy feo hablar de uno (risas), se me hace complicado. Pero sí, soy aún más frontal, sin vueltas, digo lo que me dicen las tripas, la intuición y el corazón, y el respaldo de los valores que me dieron la educación. Desde ahí me muevo.

Pongo un ejemplo: cuando empecé con la política, en los grupos que tenía alrededor decían que tenía que hacer un spot de campaña para que se me conozca, y me dijeron que lo hiciera en un barrio. Yo me planté, y le dije «No muchachos, no conozco ni los barrios de Lobos. Yo estoy criado en el campo, a 40 km de acá. He cruzado los barrios alguna vez, por alguna casualidad». Les dije que no, que de la única forma en que yo pudiera hacer un spot publicitario tenía que ser en el medio de donde yo vivo, haciendo lo que yo hago. Me insistieron, me dijeron que el campo era mala palabra. Les respondí que ese es un preconcepto que tienen, yo no podía hacer el spot en un barrio porque me sentiría incómodo. Más o menos así he manejado todo, sin muchas más vueltas.

Si conocés los barrios, es mejor, pero tampoco es un impedimento, porque hoy los conozco a todos, ando por todos lados solos. Es una muletilla estúpida que tiene la vieja política. Quizá se elige a alguien porque es el buen jugador de fútbol de la cuadra, o porque es el carismático, hace chistes lindos. Lo cierto es que cuando buscás un secretario de gobierno, hay que buscar lo mejor que puedas para que tenga la amplitud, la objetividad, la idoneidad, el criterio. La política también debe ponerse los pantalones largos, esas cosas me hacen mal. Cuando dicen «¡Qué cuadro!» yo me pregunto ¿Qué hizo para ser cuadro? ¿Porque es bonito o bonita, por qué? No, tiene que ser porque la persona tiene valores.

A más de la mitad de las personas que me rodean, no les pregunté de qué partido venían, porque priorizo otras cosas: valores, que sean buena gente, el carácter, la firmeza en las decisiones. No importa que piensen distinto, siempre digo que me convenzan de que tienen razón, si es así, vamos hacia ese lugar. Cuando uno se equivoca, se equivoca para la gente, no para uno. El problema no es equivocarse para uno. No hay que ser porfiado al «pepe». Hay que mirar el hoy y el futuro. El hoy es circunstancial, la vida de una ciudad, de un pueblo, no es nada, entonces uno también debe saber mirar el contexto y hacia dónde va, el mañana. Es la posición que uno debe tener en las decisiones.

– Hablemos sobre tu época de estudiante, ¿En qué universidad estudiaste?

Estudié en Azul, en la facultad del centro de la provincia de Buenos Aires. A mí me quedaba más a mano estudiar en La Plata, y mi papá me dijo que fuera a estudiar a cualquier lado, pero que prefería que fuera en una ciudad más chica. Eso combinaba con que iba con 4 compañeros más del secundario. Me quedaba a contramano Azul, pero por esa razón estudié allí.

La verdad es que no teníamos plata, no sabía cuánto iba a poder estudiar, era un día a día, además no teníamos obra social, si alguien se enfermaba, se cortaba el estudio, pero la hice en 5 años y medio.

Mientras estudié, vendía miel para poder bancarme el estudio, sweaters, fui mozo, le buscaba la vuelta a la vida. Trabajaba con las colmenas y agarraba changas con los vecinos para vender.

En mi casa nunca nos sobró nada, no puedo decir que pasé miseria ni que nos faltó la comida eso nunca. Pero mi papá era un tipo muy ordenado, con muy poquito, muy trabajador, y el dinero lo cuidaba muchísimo, porque no teníamos. Así me acostumbré, así viví y de esa forma después encaré la vida también.

– ¿A qué hora te levantabas?

A las 7, 8 de la mañana. Si volvía después de la salida del sol, había que quedarse levantado y seguir trabajando en la semana. Si eras salidor, pagabas con creces el derecho de no dormir (risas), son grandes enseñanzas.

– ¿Vos eras salidor?

Sí, mucho, mucho.

– ¿A dónde salías?

Las salidas nuestras eran a Lobos, Roque Pérez, Navarro. Yo vivo en el lugar más lejos de Lobos y queda todo equidistante, entonces las salidas eran a esos lugares. En cada salida tenía que hacer 30, 40 km, entonces había que combinar con el que tenía auto. Si ponía el auto yo, que me lo prestaba mi padre, llevaba a 5 o 6 amigos más.

Antes era diferente estar en el campo, ahora la única diferencia son los caminos, porque ahora hay internet y luz igual que en la ciudad. A mí la luz eléctrica me llegó cuando tenía 12 años. La heladera eléctrica, el televisor, esas cosas no existían. La heladera era a kerosene, pero luz no había. Hoy no hay diferencias entre un adolescente que vive en el medio del campo que uno que vive a una cuadra de la plaza de Lobos. La única diferencia es el camino, que cuando llueve no podés salir, o salís con alguna dificultad, pero tampoco tenemos los vehículos de antes, ahora en el campo hay de doble tracción, entonces de una forma u otra salís, cambió mucho.

A veces, hablando con amigos, decimos que esas son las cosas que te forjan y te templan para lo que viene después.

– ¿Qué otros recuerdos de tu infancia o adolescencia tenés?

Cuando a mi papá lo operaron de la retina no podía hacer nada, y yo estaba en sexto, séptimo grado. Con mi hermano íbamos al colegio en bicicleta, todos los días hacíamos 5 km de ida y 5 km de vuelta. Un día salimos y enfrentamos el viento en contra, entonces le dije a mi hermano que había mucho viento, que le dijéramos a mi papá que nos llevara en la camioneta. Yo vuelvo y mi papá sale, pregunta que pasó y le dije que había mucho viento, que nos tenía que llevar en la camioneta. Me respondió: «Que no me entere que llegaron tarde». Así que pegamos la vuelta, salimos en bici y fue la vez que más temprano llegamos al colegio. Eso a mí me quedó, en la vida. Uno a veces se queja de cosas que puede superar. Cuando yo volví ese día a buscar a mi papá, era porque creía que el viento era fuerte, y sin embargo pudimos llegar. En ese momento renegué, me enojé con mi viejo, pero tenía razón, y lo entendí con el tiempo (…) Siempre le digo que le den al peso, el valor que el peso tiene, no puede valer más que eso. Hay cosas que los argentinos hemos dejado de lado y que tenemos que volver a retomar desde el ejemplo, sobre todo de los dirigentes. Ser «señor» es otra cosa, Argentina cree que es «señor» cuando tenés plata. Yo quiero que todo el mundo tenga dinero, pero los valores deben ser los valores, eso es indiscutible para mí.

La nota completa puede leerse en el siguiente link: https://www.latecla.info/127226-desde-lobos-jorge-etcheverry-mientras-estudie-vendia-miel-para-bancarme

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