


En la sala del Teatro Parroquial, El Teatrito estrenó anoche «El Elegido» una interesante propuesta dirigida por Dante Mazzeo y protagonizada por Juan Terán y Lucas Rubano. Con una trama que combina humor, tensión y una mirada crítica sobre el ejercicio del poder, la obra consiguió atrapar al público a través de un duelo actoral que sostiene el interés de principio a fin.

La historia tiene como protagonista al Presidente de la Nación, interpretado por Lucas Rubano, recientemente electo y a punto de pronunciar un discurso de enorme trascendencia. Sin embargo, cuando llega el momento de enfrentar al público, descubre que un extraño e incontrolable tic nervioso, que le provoca una persistente picazón en la nariz y muecas imposibles de disimular, amenaza con frustrar sus planes y ponerlo en rídiculo ante las cámaras de televisión.
Ante semejante inconveniente, recurre a un psiquiatra de orientación psicoanalítica, encarnado por Juan Terán, quien comienza a indagar en el pasado de su paciente para descubrir el origen del trastorno que le impide hablar en público.
Entre llamadas desesperadas, presiones que no dan tregua y la mirada permanente de quienes esperan una respuesta del flamante mandatario, la situación adquiere ribetes cada vez más insólitos. La única salida parece ser una consulta con alguien muy poco convencional.
¿Un juego de poder? ¿Una sesión fuera de control? ¿O simplemente la prueba de que, cuando las papas queman, hacemos cualquier locura?
El Elegido es una comedia que encuentra en el trabajo de sus dos protagonistas uno de sus principales aciertos. Juan Terán y Lucas Rubano, ambos con sólida experiencia escénica, construyen una dinámica que sostiene el desarrollo de la trama, con una tensión constante que no decae y mantiene la atención de los espectadores.
Juan Terán compone con notable solvencia a un profesional que intenta desentrañar los conflictos de un político de carrera, de la vieja escuela, que ha transitado prácticamente todos los cargos públicos antes de alcanzar la Presidencia. A través de sus intervenciones y de un método poco ortodoxo, el psiquiatra procura ir más allá del síntoma visible para encontrar las razones profundas que se esconden detrás de la conducta de su paciente.
Por su parte, Lucas Rubano le imprime vida a un Presidente que, lejos de la mirada de las masas y de la imagen de autoridad que debe sostener públicamente, revela una vulnerabilidad que excede ampliamente ese molesto tic nervioso que dio origen a la consulta. Bajo la presión de las circunstancias, queda al descubierto el costado más humano y frágil de un personaje acostumbrado a ejercer el poder, pero que ahora se enfrenta a una situación que no puede controlar.
El defecto que lo aqueja no es un detalle menor: su visibilidad podría colocarlo en una posición incómoda ante la opinión pública y comprometer la imagen que necesita proyectar. De allí surge buena parte del humor de la obra, que juega con las contradicciones entre la figura pública y la intimidad de quien debe encarnar una autoridad aparentemente inquebrantable.
La química entre ambos intérpretes resulta fundamental para que la historia avance con ritmo y naturalidad. Los diálogos, las interrupciones y las situaciones que se suceden durante la sesión construyen un clima que alterna momentos de comicidad con otros de mayor profundidad, sin perder el hilo de una trama que invita a mirar más allá de lo evidente.
A medida que avanza la obra, la consulta se transforma en algo más que un intento de resolver un problema puntual. El recorrido por el pasado del protagonista abre una puerta hacia su mundo interior y pone en discusión aquello que permanece oculto detrás de los discursos, las decisiones y las apariencias.
En ese sentido, El Elegido propone un recorrido por el inconsciente y por esos aspectos de nuestra historia personal que, aun cuando intentamos mantenerlos fuera de la mirada de los otros, terminan condicionando nuestro comportamiento cotidiano. La figura presidencial funciona como un vehículo para explorar esas contradicciones y recordar que, detrás de los cargos y las investiduras, también existen temores, inseguridades y conflictos sin resolver.
Con una dirección que articula el humor con la tensión dramática y dos actuaciones que logran sostener el interés hasta el desenlace, El Teatrito presentó una propuesta que entretiene y, al mismo tiempo, deja espacio para la reflexión.
En resumen, una comedia que encuentra en las debilidades de un hombre poderoso la oportunidad de poner en evidencia una verdad tan humana como universal: nadie está completamente a salvo de sus propios conflictos, ni siquiera quien parece tener al alcance de la mano todas las herramientas para controlar lo que sucede a su alrededor.
FICHA TECNICA
Lobos 24 Un nuevo concepto en información