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LA HISTORIA DE “CIRILA”: LA ABOGADA LOBENSE QUE PINTÓ SU CITROEN DE ROSA PARA CUMPLIR UN SUEÑO Y TERMINÓ CON EL CAPÓ FIRMADO POR ALEJANDRO SANZ

-Una abogada en Lobos convirtió un viejo Citroën en un manifiesto rosa para acercarse a su ídolo: lo ploteó con la cara de Alejandro Sanz, lo llevó hasta un hotel 5 estrellas en Buenos Aires y terminó con el capó firmado por el cantante-

En el medio del campo, donde las vacas mastican con paciencia y las rutas de tierra suelen terminar en tranquera, aparece algo que desentona con la escena: un Citroën rosa chicle. No rosa claro, no rosa tímido. Rosa chicle. Un color que parece haber escapado de una juguetería de los años noventa y aterrizado en un modelo 1975 que responde al nombre de Cirila.

Su dueña es Silvina Álvarez, abogada, productora láctea y fanática de Alejandro Sanz desde los quince años. Hoy tiene cuarenta. Es decir: un cuarto de siglo escuchando canciones y soñando con conocer al cantante español.

Álvarez vive en la zona rural de Las Chacras, en el partido de Lobos. Allí, entre tambo y trabajo de campo, nació la idea de convertir su Citroën en algo más que un auto: en un puente.

Primero lo pintó de rosa. Después decidió que el rosa no era suficiente. Entonces sumó fundas del mismo color en los asientos, en el volante, en la palanca de cambios. Todo rosa. Como si el auto hubiera caído en un balde de chicle derretido.

Pero faltaba el detalle decisivo. En el capó apareció el rostro de Alejandro Sanz, ploteado como un mural rodante. El objetivo era simple y delirante al mismo tiempo: que el cantante lo viera.

“Siempre iba a sus recitales y siempre me quedaba con ganas de más”, cuenta Álvarez. Hasta que un día decidió intentar algo distinto.

En 2023 manejó desde el campo hasta la ciudad de Buenos Aires para esperar al músico frente al hotel donde se hospedaba, el Park Hyatt Buenos Aires. Durante horas, el Citroën rosa quedó estacionado detrás de las rejas junto a otros fans.

Cuando el cantante salió, saludó a la gente… pero no a ella. Entonces ocurrió la escena que parece salida de una comedia: Silvina se subió a Cirila, tocó bocina y se cruzó delante de la caravana del artista para que viera el auto.

El plan parecía fallido. El cantante se fue. Pero al día siguiente ocurrió algo inesperado. En las redes sociales de Sanz apareció la foto del capó con su cara. La imagen había llegado hasta él.

Un rato después, el jefe de seguridad cruzó la calle y le dijo que el músico sabía que estaba ahí.

Cuatro horas más tarde, las puertas del hotel se abrieron para algo improbable: un Citroën rosa entrando al lobby.

Allí, finalmente, Alejandro Sanz firmó el capó. Desde entonces, Cirila no es solo un auto. Es una especie de embajadora fanática que viaja por rutas bonaerenses provocando bocinazos, saludos y celulares apuntando.

Porque en el campo de Lobos, entre tractores y vacas, circula un Citroën rosa con la cara de un cantante español. Y con una historia que demuestra que, a veces, los sueños se cumplen… si uno está dispuesto a perseguirlos tocando bocina.

(Fuente: El Ciudadano)

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